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Nutrición

Grasa visceral: qué es, por qué es peligrosa y cómo reducirla

La grasa visceral no es solo un problema estético: es metabólicamente activa y se asocia a resistencia a la insulina, riesgo cardiovascular e inflamación crónica. Conocerla bien es el primer paso para reducirla de forma sostenible.

15 min de lecturaActualizado el 14 de agosto de 2026
Celia Díaz Moreno, Nutricionista y fisioterapeutaNº col. CAT002396 · Nº col. 17075Actualizado el 14 de agosto de 2026

En resumen

La grasa visceral es metabólicamente activa y contribuye al riesgo cardiovascular y metabólico de forma independiente al peso total: se puede tener un peso normal y un exceso visceral relevante. Se estima bien con el perímetro de cintura, y lo que la reduce de verdad es el ejercicio sostenido y un déficit moderado — no una dieta corta ni un producto.

Cuando hablamos de grasa corporal, tendemos a pensar en la que vemos y tocamos: la que rodea la cadera, los muslos o el abdomen de forma superficial. Pero hay otro tipo de grasa que no se ve desde fuera y que tiene un impacto en la salud muy superior: la grasa visceral, que se acumula en el interior del abdomen rodeando el hígado, el páncreas, los intestinos y otros órganos vitales.

A diferencia de la grasa subcutánea, la visceral no es un tejido inerte de almacenamiento. Es metabólicamente activa, libera sustancias inflamatorias y hormonas que afectan al metabolismo de la glucosa, la presión arterial y el riesgo cardiovascular. Por eso, una persona puede tener un peso aparentemente normal y acumular niveles de grasa visceral que suponen un riesgo para su salud.

Este artículo explica qué es la grasa visceral, cómo se mide con precisión, por qué es importante reducirla y qué estrategias tienen respaldo científico para hacerlo de forma sostenible. Esta información es de carácter general y no sustituye la valoración de un profesional de la salud.

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Qué es la grasa visceral y en qué se diferencia de la subcutánea

El tejido adiposo del organismo no es homogéneo. La grasa subcutánea es la que se acumula justo bajo la piel y es la que podemos pellizcar. La grasa visceral, en cambio, se deposita en la cavidad abdominal, entre y alrededor de los órganos abdominales, especialmente en el epiplón y el mesenterio.

Estas dos tipos de grasa tienen comportamientos biológicos diferentes. La visceral tiene mayor actividad metabólica, mayor sensibilidad a las catecolaminas (hormonas del estrés) y mayor capacidad de liberar ácidos grasos libres directamente al sistema portal, que llega al hígado. Este flujo directo explica en gran parte su impacto sobre el metabolismo.

La distribución de grasa es influida por la genética, el sexo (los hombres tienden a acumular más grasa visceral), la edad, los niveles de cortisol y el estilo de vida. La perimenopausia y la menopausia son etapas en que la mujer tiende a aumentar su grasa visceral de forma más marcada.

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Por qué la grasa visceral es peligrosa para la salud

La grasa visceral funciona como un órgano endocrino: secreta citoquinas proinflamatorias (como la TNF-alfa y la IL-6), adipoquinas y ácidos grasos libres que afectan a otros tejidos. Este estado de inflamación de bajo grado sostenida en el tiempo está en la base de múltiples enfermedades crónicas.

Entre sus efectos más documentados destaca la resistencia a la insulina: la liberación de ácidos grasos libres al hígado interfiere con la señalización de la insulina, lo que eleva la glucosa en sangre y aumenta el riesgo de diabetes tipo 2. También contribuye a la dislipemia (alteración del perfil lipídico), la hipertensión y la inflamación vascular, factores que incrementan el riesgo cardiovascular.

Lo que hace a la grasa visceral especialmente relevante desde el punto de vista clínico es que su impacto metabólico es independiente del índice de masa corporal (IMC). Una persona con normopeso puede tener una cantidad de grasa visceral problemática, mientras que alguien con sobrepeso puede tenerla dentro de un rango razonable. El peso total no es un indicador suficiente.

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Cómo se mide la grasa visceral

No existe una única herramienta perfecta para medir la grasa visceral, pero sí varias con distinto grado de precisión y accesibilidad.

El perímetro de cintura es la medida más sencilla y tiene buena correlación con la grasa visceral: valores superiores a 88 cm en mujeres y 102 cm en hombres (criterios ATP III) se asocian a riesgo metabólico aumentado. El índice cintura/altura (dividir el perímetro de cintura entre la altura) es otro indicador sencillo; un valor por encima de 0,5 se considera de riesgo en adultos.

La bioimpedancia eléctrica multifrecuencia (BIA) es la herramienta práctica de consulta: estima la composición corporal y da una aproximación a la grasa visceral, suficiente para seguir la evolución de una persona a lo largo del tiempo. Es la que utilizamos en las valoraciones de Riva Medic, junto con el perímetro de cintura.

La técnica de referencia, sin embargo, es la resonancia magnética, que mide directamente el volumen de tejido adiposo visceral y lo separa del subcutáneo. No es una prueba de consulta rutinaria —es cara y no está indicada para seguir a un paciente sano—, pero sí es la que se usa en investigación. De hecho, es la que empleó el estudio clínico de la tecnología Drakarian para documentar sus resultados sobre grasa visceral.

Qué mide realmente tu báscula de casa

Muchas básculas domésticas dan un «índice de grasa visceral». Es una estimación indirecta a partir de la impedancia, con un algoritmo propio de cada fabricante: sirve para ver tu tendencia con el mismo aparato, pero no es comparable entre marcas ni equivale a lo que mediría una resonancia. Fíjate en si el número baja con el tiempo, no en el número en sí.

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Valores de referencia: a partir de qué cifra hay riesgo

Los umbrales que se manejan en clínica no son cifras de grasa visceral directa, sino de los indicadores que mejor la aproximan. El consenso internacional sobre obesidad visceral recomienda incorporar el perímetro de cintura a la exploración de rutina, precisamente porque el índice de masa corporal por sí solo no distingue dónde está la grasa (Ross et al., 2020, Nature Reviews Endocrinology).

Una advertencia antes de la tabla: estos puntos de corte están definidos para población europea adulta y son orientativos, no diagnósticos. Un valor por encima del umbral no significa enfermedad, igual que uno por debajo no descarta riesgo. Sirven para decidir si merece la pena mirar más a fondo.

El dato más útil no es el de un día: es la dirección en la que se mueve medido siempre igual, con la misma cinta y a la misma hora.

Umbrales orientativos en población adulta europea
IndicadorMujeresHombresCómo interpretarlo
Perímetro de cintura · riesgo aumentado≥ 80 cm≥ 94 cmCriterio IDF para población europea. Es la señal para revisar hábitos y analítica.
Perímetro de cintura · riesgo alto≥ 88 cm≥ 102 cmCriterio ATP III. Se asocia de forma consistente a riesgo cardiometabólico.
Índice cintura/altura> 0,5> 0,5Cintura dividida entre altura, ambas en cm. Útil porque ajusta por talla y sirve igual en los dos sexos.
Índice de grasa visceral por bioimpedanciaDepende del equipoDepende del equipoEscala propia de cada fabricante. Válido para seguir tu evolución con el mismo aparato; no comparable entre marcas.

Qué significa el número que te da la báscula

La duda más repetida no es sobre centímetros, sino sobre la cifra que aparece en la aplicación de la báscula: un 6, un 7, un 12. Ese número no son kilos ni centímetros cuadrados de grasa: es un índice adimensional que cada fabricante calcula con su propio algoritmo a partir de la impedancia. Por eso el mismo abdomen puede dar 7 en un aparato y 11 en otro sin que ninguno esté «mal».

Dicho eso, las dos escalas más extendidas en básculas domésticas sí publican sus rangos, y conviene conocerlos para no alarmarse ni confiarse de más:

  • Escala 1-59 (la de Tanita y la mayoría de equipos que la replican): de 1 a 12 se considera rango saludable; de 13 en adelante, exceso que conviene revisar.
  • Escala 1-30 (Omron y similares): hasta 9 normal, de 10 a 14 alto, de 15 en adelante muy alto.
  • Un 6 o un 7 en la escala de 1-59 están, por tanto, dentro del rango saludable. La cifra por sí sola no dice gran cosa: informa mucho más si sube o baja medida siempre con el mismo aparato, a la misma hora y en las mismas condiciones de hidratación.
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Cómo saber si tienes grasa visceral alta sin salir de casa

No hace falta una prueba de imagen para tener una primera orientación razonable. Con una cinta métrica y dos minutos se obtiene el indicador que la literatura considera más práctico.

Peso normal no significa riesgo cero

Existe un fenotipo descrito como «delgado metabólicamente obeso»: personas con índice de masa corporal normal y un exceso de grasa visceral relevante. Si tu peso es normal pero el perímetro de cintura supera el umbral, o si tienes antecedentes familiares de diabetes tipo 2, coméntalo con tu médico aunque la báscula te tranquilice.

Mide bien el perímetro de cintura

El error más común es medir por donde queda cómodo. La medición estandarizada tiene reglas concretas:

  • De pie, descalzo, con los pies juntos y el abdomen relajado
  • En el punto medio entre la última costilla y la cresta ilíaca, no a la altura del ombligo
  • Al final de una espiración normal, sin meter barriga ni hinchar
  • La cinta paralela al suelo y ajustada sin comprimir la piel
  • Siempre a la misma hora, preferiblemente en ayunas: la distensión abdominal por digestión puede variar varios centímetros

Señales que acompañan a un exceso visceral

Ninguna es diagnóstica por sí sola, pero en conjunto orientan. Si varias coinciden con un perímetro por encima del umbral, tiene sentido pedir una analítica:

  • Abdomen firme y prominente, más que blando y pellizcable
  • Perímetro que crece sin que el peso cambie apenas
  • Triglicéridos altos con HDL bajo en la última analítica
  • Tensión arterial en ascenso o glucemia basal en el límite
  • Hígado graso detectado en una ecografía de rutina
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Por qué la grasa visceral no se comporta igual en hombres y mujeres

La diferencia no es cultural ni de hábitos: es biológica. El tejido adiposo responde de forma distinta a las hormonas sexuales, y eso determina dónde se deposita la grasa (Karastergiou et al., 2012, Biology of Sex Differences).

En los hombres el depósito preferente es abdominal y visceral desde edades tempranas, lo que explica que acumulen más grasa visceral a igualdad de peso. En las mujeres en edad fértil, los estrógenos favorecen el depósito subcutáneo en cadera y muslos —el llamado patrón ginoide—, que es metabólicamente menos problemático y, de hecho, tiene cierto efecto protector.

Ese equilibrio cambia en la perimenopausia. Al caer los estrógenos, la distribución se desplaza hacia el abdomen y la grasa visceral aumenta aunque el peso total se mantenga estable. Es una de las quejas más frecuentes en consulta: «no como distinto, no peso más, pero la ropa no me cierra igual». No es una impresión subjetiva; es una redistribución real.

Plan de nutrición para perimenopausia con alimentos, descanso y control cardiovascular
En la perimenopausia la grasa se redistribuye hacia el abdomen aunque el peso no cambie. Por eso el perímetro de cintura informa más que la báscula en esta etapa.

Qué implica en la práctica

La consecuencia es que el mismo plan no sirve igual en las dos situaciones:

  • En mujeres perimenopáusicas, el trabajo de fuerza pasa de recomendable a prioritario: protege masa magra en el momento en que más se pierde
  • El perímetro de cintura es más informativo que el peso durante esta etapa, porque el peso puede no moverse mientras la distribución empeora
  • En hombres jóvenes con perímetro alto, el exceso visceral suele responder rápido al ejercicio, incluso antes de que baje la báscula
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Hábitos con evidencia para reducir la grasa visceral

La buena noticia es que la grasa visceral responde especialmente bien a los cambios de estilo de vida, incluso antes de que el peso total disminuya de forma notable. La intervención más eficaz es la combinación de déficit calórico moderado y sostenible con ejercicio físico regular.

En cuanto a la alimentación, priorizar la proteína en cada comida ayuda a preservar la masa muscular mientras se reduce grasa. El consumo de fibra alimentaria (verduras, legumbres, fruta entera, cereales integrales) mejora el control glucémico y la microbiota intestinal, factores estrechamente relacionados con la grasa visceral. Reducir el consumo de ultraprocesados, azúcares añadidos y alcohol tiene un efecto relevante sobre la grasa abdominal específicamente.

En cuanto al ejercicio, la evidencia más sólida señala la combinación de actividad aeróbica de intensidad moderada-alta con entrenamiento de fuerza. El ejercicio de fuerza aumenta la masa muscular, mejora la sensibilidad a la insulina y el metabolismo basal, contribuyendo a una reducción más eficaz de la grasa visceral a medio-largo plazo.

El sueño de calidad y la gestión del estrés son factores frecuentemente subestimados. El cortisol elevado de forma crónica favorece de manera activa la acumulación de grasa visceral. Dormir menos de 7 horas de forma habitual se asocia a mayor grasa visceral incluso controlando la ingesta calórica.

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Tabla: hábitos e impacto sobre la grasa visceral

A continuación se resumen los principales hábitos con evidencia y su nivel de impacto relativo:

Hábitos e impacto relativo sobre la grasa visceral según evidencia científica
HábitoMecanismo principalImpacto relativo
Déficit calórico moderado y sostenibleMovilización de reservas energéticasAlto
Ejercicio aeróbico (≥150 min/semana intensidad moderada)Oxidación de grasa, sensibilidad a la insulinaAlto
Entrenamiento de fuerza (2-3 sesiones/semana)Aumento de masa muscular, metabolismo basalAlto
Proteína suficiente en cada comidaPreservación de masa muscular, saciedadMedio-alto
Fibra alimentaria (verduras, legumbres, fruta entera)Control glucémico, microbiotaMedio
Reducir alcoholAlcohol favorece síntesis de grasa visceral hepáticaMedio-alto
Sueño ≥7 h de calidadRegulación cortisol y hormonas del hambreMedio
Gestión del estrés crónicoReducción cortisol basalMedio
Reducir ultraprocesados y azúcares añadidosMenor picos glucémicos y carga inflamatoriaMedio
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Qué hay de los medicamentos para eliminar la grasa visceral

Es una búsqueda frecuente y merece una respuesta clara: no existe ningún fármaco cuya indicación aprobada sea «eliminar grasa visceral». Lo que sí existe son medicamentos para el tratamiento de la obesidad y la diabetes tipo 2 que, al producir pérdida de peso, reducen también el compartimento visceral como consecuencia.

Los análogos del GLP-1 —semaglutida, tirzepatida— son hoy los más utilizados en ese terreno. Son fármacos de prescripción médica, con indicaciones concretas, efectos adversos y criterios de seguimiento: no son un producto de adelgazamiento de venta libre, y usarlos sin control no es una opción razonable. Su prescripción corresponde al médico, nunca a una consulta de nutrición.

Hay además un matiz que se pasa por alto y que importa mucho aquí: al retirar estos fármacos el peso tiende a recuperarse, y con frecuencia con peor composición corporal que al empezar. Lo desarrollamos en el artículo sobre el efecto rebote al dejar Ozempic, porque condiciona por completo cómo debe plantearse el tratamiento desde el principio.

Sobre los quemagrasas y suplementos «anti-visceral»

Ningún suplemento de venta libre ha demostrado reducir grasa visceral de forma clínicamente relevante. Los productos que se anuncian con ese reclamo se apoyan, en el mejor de los casos, en estudios pequeños y de mala calidad. Si un producto promete actuar específicamente sobre la grasa que rodea tus órganos, desconfía.

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Cuándo tiene sentido añadir un abordaje médico

Para la mayoría de personas, la respuesta es hábitos: déficit moderado, ejercicio con componente de fuerza, sueño y control del estrés. Funciona, está respaldado y no requiere nada más. Este artículo termina ahí para casi todo el mundo.

Hay un perfil, sin embargo, en el que la consulta médica aporta algo: quien ya lleva tiempo haciendo las cosas razonablemente bien y no ve movimiento, quien tiene alteraciones analíticas que conviene vigilar, o quien necesita objetivar si lo que pierde es grasa o músculo. Ahí el valor no está en un tratamiento concreto, sino en medir y ajustar en lugar de insistir a ciegas.

En el terreno de la tecnología médica hay un dato que conviene conocer con precisión, porque se exagera con facilidad. La mayoría de equipos de estética corporal actúan sobre grasa subcutánea —la que se pellizca— y no tienen efecto demostrado sobre la visceral. La tecnología Drakarian que utilizamos en Riva Medic —basada en radiofrecuencia corporal capacitiva-resistiva— es una excepción documentada: su estudio clínico midió por resonancia magnética una reducción del 15 % de grasa visceral, además del 20 % de subcutánea. Es un estudio con una muestra pequeña, publicado por el fabricante del equipo, y así lo presentamos: como un dato relevante, no como una prueba definitiva.

Y con el mismo criterio, lo que no debe esperarse: ningún equipo sustituye a la alimentación ni al ejercicio, ni evita que la grasa visceral vuelva si los hábitos no cambian. Es una herramienta para una fase concreta, dentro de un plan que sigue apoyándose en lo de siempre.

La grasa visceral es el compartimento que más rápido responde cuando se hacen bien las cosas — y también el primero que vuelve cuando se dejan de hacer.

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Por qué las dietas milagro no reducen la grasa visceral de forma sostenible

Las restricciones calóricas muy severas o las dietas de eliminación de grupos de alimentos enteros pueden producir pérdida de peso rápida, pero esta pérdida es en gran medida de masa muscular y agua, no de grasa visceral. Al recuperar el peso (lo que ocurre en la mayoría de casos tras dietas muy restrictivas), la composición corporal empeora: se recupera grasa y se ha perdido músculo.

La grasa visceral responde mejor a cambios sostenibles en el tiempo que a reducciones drásticas de corta duración. Un déficit calórico moderado (250-500 kcal/día) mantenido durante semanas y meses, combinado con ejercicio, produce resultados más duraderos y saludables que cualquier protocolo de choque.

El seguimiento con medición objetiva de composición corporal es especialmente útil en este contexto: permite ver si los cambios que se están produciendo son en la dirección correcta (reducción de grasa visceral, mantenimiento o aumento de masa muscular) aunque el peso de la báscula no varíe de forma espectacular.

Autoría

Celia Díaz Moreno

Nutricionista y fisioterapeuta

Nº col. CAT002396 · Nº col. 17075

Nutricionista clínica y fisioterapeuta. Composición corporal, salud metabólica y abordaje del peso.

Ver equipo

Referencias científicas

  1. [1]Verheggen RJHM, Maessen MFH, Green DJ, Hermus ARMM, Hopman MTE, Thijssen DHT. A systematic review and meta-analysis on the effects of exercise training versus hypocaloric diet: distinct effects on body weight and visceral adipose tissue. Obesity Reviews, 2016. DOI: 10.1111/obr.12406
  2. [2]Ross R, Neeland IJ, Yamashita S, et al. Waist circumference as a vital sign in clinical practice: a Consensus Statement from the IAS and ICCR Working Group on Visceral Obesity. Nature Reviews Endocrinology, 2020. DOI: 10.1038/s41574-019-0310-7
  3. [3]Neeland IJ, Ross R, Després JP, et al. Visceral and ectopic fat, atherosclerosis, and cardiometabolic disease: a position statement. The Lancet Diabetes & Endocrinology, 2019. DOI: 10.1016/S2213-8587(19)30084-1
  4. [4]Karastergiou K, Smith SR, Greenberg AS, Fried SK. Sex differences in human adipose tissues — the biology of pear shape. Biology of Sex Differences, 2012. DOI: 10.1186/2042-6410-3-13
  5. [5]Vissers D, Hens W, Taeymans J, Baeyens JP, Poortmans J, Van Gaal L. The effect of exercise on visceral adipose tissue in overweight adults: a systematic review and meta-analysis. PLoS ONE, 2013. DOI: 10.1371/journal.pone.0056415
  6. [6]Tchernof A, Després JP. Pathophysiology of human visceral obesity: an update. Physiological Reviews, 2013. DOI: 10.1152/physrev.00033.2011
Preguntas frecuentes

Resolvemos tus dudas

Dudas habituales sobre este tema. Si la tuya no está, escríbenos por WhatsApp.

  • El indicador más accesible es el perímetro de cintura: por encima de 88 cm en mujeres y 102 cm en hombres se asocia a riesgo metabólico aumentado. El índice cintura/altura por encima de 0,5 también es un indicador práctico. Para una medición precisa, la resonancia magnética es la técnica de referencia.

  • Sí. El término «obesidad metabólica con normopeso» describe a personas con IMC dentro del rango normal pero con exceso de grasa visceral y riesgo metabólico. El peso en la báscula no refleja la distribución de la grasa ni su composición.

  • La combinación de ejercicio aeróbico de intensidad moderada-alta con entrenamiento de fuerza es la más eficaz según la evidencia. El ejercicio aeróbico es eficaz para reducir la grasa visceral a corto plazo; el ejercicio de fuerza mejora la composición corporal a largo plazo al aumentar la masa muscular y el metabolismo basal.

  • No de forma directa. La reducción de grasa localizada («spot reduction») no funciona así: el organismo moviliza la grasa de forma general según el déficit energético, no de la zona que se ejercita. Los ejercicios abdominales fortalecen la musculatura del core pero no reducen selectivamente la grasa visceral.

  • Los ensayos de entrenamiento aeróbico muestran reducciones medibles del compartimento visceral en torno a las 8-12 semanas, y una parte de ese cambio ocurre incluso cuando el peso en la báscula apenas se mueve: es el motivo por el que conviene seguir el perímetro de cintura y no solo pesarse. Los cambios grandes y estables, en cambio, se cuentan en meses. La velocidad depende del punto de partida, de la adherencia y de si se combinan déficit moderado, ejercicio y sueño, o se hace solo una de las tres cosas.

  • No hay alimentos que actúen sobre la grasa visceral en concreto: lo que la reduce es el déficit calórico sostenido, y la alimentación es la herramienta para conseguirlo sin perder músculo por el camino. En la práctica, tres decisiones concentran casi todo el efecto. Primera, proteína suficiente en cada comida (pescado, huevo, carne magra, legumbre, lácteo), que preserva masa muscular y sacia. Segunda, verdura, legumbre y fruta entera como base del volumen del plato, por la fibra y su efecto sobre el control glucémico. Y tercera, la que más se nota en el perímetro abdominal: bajar alcohol, bebidas azucaradas y ultraprocesados, porque el alcohol favorece de forma directa la acumulación de grasa hepática y visceral. Lo que no funciona: dietas de eliminación de grupos enteros, ayunos extremos y cualquier producto que prometa actuar sobre la grasa que rodea los órganos.

  • El estrés crónico eleva el cortisol de forma sostenida, y el cortisol favorece de manera activa la acumulación de grasa visceral. No es solo una creencia: existe evidencia científica que relaciona el cortisol basal elevado con mayor grasa abdominal independientemente de la ingesta calórica.

  • Depende de con qué lo midas. En las básculas de bioimpedancia que usan la escala de 1 a 59 (Tanita y equipos que la replican), de 1 a 12 se considera rango saludable y a partir de 13 hay exceso; en la escala de 1 a 30 (Omron y similares), hasta 9 es normal, de 10 a 14 alto y de 15 en adelante muy alto. Son escalas propias de cada fabricante, así que no son comparables entre marcas: úsalas para seguir tu tendencia con el mismo aparato. Los umbrales que sí están estandarizados son los de perímetro de cintura (≥80 cm en mujeres y ≥94 cm en hombres para riesgo aumentado, criterio IDF europeo) y el índice cintura/altura por encima de 0,5.

  • En la escala de 1 a 59 que utilizan la mayoría de básculas domésticas, un 7 está dentro del rango saludable (1-12). No es un dato para preocuparse, pero tampoco para darlo por bueno sin más: el número procede de una estimación por impedancia, varía con la hidratación y la hora del día, y no es comparable con el de otra marca. Si quieres una referencia más sólida, mide el perímetro de cintura con cinta métrica y compáralo con los umbrales estandarizados; y en cualquier caso, fíjate en la evolución a lo largo de las semanas más que en la cifra de un día.

  • Los hombres acumulan más grasa visceral a igualdad de peso, porque su depósito preferente es abdominal desde edades tempranas. Las mujeres en edad fértil depositan sobre todo en cadera y muslos, un patrón metabólicamente menos problemático. Eso cambia en la perimenopausia: al caer los estrógenos la distribución se desplaza al abdomen y la grasa visceral aumenta aunque el peso no varíe. Por eso los umbrales de cintura son distintos según el sexo.

  • No existe ningún fármaco cuya indicación aprobada sea eliminar grasa visceral. Sí hay medicamentos para obesidad y diabetes tipo 2 —como los análogos del GLP-1— que reducen el compartimento visceral como consecuencia de la pérdida de peso que producen. Son de prescripción médica, con indicaciones y seguimiento concretos, y la decisión de usarlos corresponde a tu médico. Los suplementos «quemagrasas» de venta libre no han demostrado ningún efecto relevante sobre la grasa visceral.

  • La mayoría de equipos de estética corporal actúan sobre la grasa subcutánea, la que se pellizca, y no tienen efecto demostrado sobre la visceral. Hay excepciones documentadas —la tecnología Drakarian midió por resonancia magnética una reducción del 15 % de grasa visceral en su estudio clínico—, pero se trata de estudios con muestras pequeñas publicados por el propio fabricante. Y en ningún caso sustituyen a la alimentación y el ejercicio: si los hábitos no cambian, la grasa visceral vuelve.

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