
Hernia discal lumbar: síntomas, diagnóstico y opciones de tratamiento
El 80-90% de las hernias discales lumbares mejoran sin cirugía. Esta guía explica por qué duele, qué tratamientos existen y cuándo es urgente consultar.
En resumen
La mayoría de hernias discales lumbares se resuelven con tratamiento conservador en 6-12 semanas. La cirugía se reserva para déficit motor progresivo, dolor refractario o síndrome de cauda equina.
La hernia discal lumbar es una de las causas más frecuentes de lumbalgia y dolor irradiado por la pierna (ciática). Ocurre cuando el núcleo pulposo de un disco intervertebral protruye o se extruye a través del anillo fibroso, comprimiendo o irritando las raíces nerviosas adyacentes.
Aunque el diagnóstico puede sonar alarmante, la realidad es que la inmensa mayoría de las personas con hernia discal mejoran sin necesidad de cirugía. El dolor, incluso el muy intenso, tiende a remitir con el tiempo y el tratamiento adecuado.
Esta información es de carácter divulgativo. Si tienes síntomas compatibles, un especialista en columna evaluará tu caso de forma individual y diseñará el plan más adecuado para ti.
Qué es una hernia discal
Los discos intervertebrales actúan como amortiguadores entre las vértebras. Cada disco tiene una capa externa dura (anillo fibroso) y un núcleo gelatinoso interno (núcleo pulposo). Cuando el anillo se fisura, parte del núcleo puede desplazarse hacia el canal vertebral.
Se habla de protrusión cuando el núcleo abomba pero no rompe el anillo por completo, y de extrusión cuando el material discal ya ha atravesado el anillo. La extrusión es la que con mayor frecuencia comprime directamente la raíz nerviosa.
Los niveles más afectados en la columna lumbar son L4-L5 y L5-S1, que corresponden a las raíces que forman el nervio ciático. Por eso el dolor típico se irradia desde la zona lumbar hacia la nalga, el muslo y la pierna.
Por qué causa ciática
La compresión mecánica de la raíz nerviosa por el material discal genera un proceso inflamatorio local que irrita e inflama el nervio. No es solo una cuestión de presión física: las sustancias proinflamatorias del núcleo pulposo (como la fosfolipasa A2) tienen un efecto químico directo sobre el nervio que agrava los síntomas.
Esto explica por qué el tamaño de la hernia en la resonancia no siempre se correlaciona con la intensidad del dolor, y por qué el tratamiento antiinflamatorio puede aliviar la ciática sin reducir el tamaño de la hernia.
Síntomas de la hernia lumbar
El síntoma más característico es el dolor que irradia desde la zona lumbar hacia la nalga y baja por el muslo y la pierna, siguiendo el trayecto del nervio afectado. En la raíz L4 el dolor sigue la cara anterior del muslo; en L5, la cara lateral de la pierna hasta el pie; en S1, la cara posterior del muslo y la planta del pie.
Junto al dolor, pueden aparecer parestesias (hormigueo, quemazón) y, en casos más avanzados, debilidad muscular: dificultad para hacer la punta del pie (L4-L5) o los talones (S1).
La lumbalgia puede preceder al dolor radicular o acompañarlo, aunque a veces la hernia debuta directamente con ciática intensa sin lumbalgia previa.
- Dolor que empeora al sentarse mucho tiempo, toser o estornudar.
- Mejora momentánea al caminar o tumbarse con la cadera y la rodilla flexionadas.
- Hormigueo o adormecimiento en la pierna, pantorrilla o pie.
- Sensación de debilidad al subir escaleras o ponerse de puntillas.
Diagnóstico: clínica e imagen
El diagnóstico es principalmente clínico. La exploración neurológica (reflejos, fuerza, sensibilidad, test de Lasègue) permite identificar qué raíz está afectada antes incluso de pedir pruebas de imagen.
La resonancia magnética es la prueba de elección para confirmar la hernia, ver su localización y valorar la compresión radicular. No se solicita de forma sistemática desde el inicio: se reserva para cuando se contempla una intervención o cuando los síntomas no evolucionan bien tras varias semanas de tratamiento.
La radiografía simple no muestra la hernia, pero permite descartar otras causas de dolor lumbar como fracturas o tumores. La electromiografía puede ser útil para cuantificar el daño nervioso en casos con déficit sensitivo o motor persistente.
Tratamiento conservador
El reposo absoluto prolongado está contraindicado. La evidencia actual es clara: moverse de forma progresiva y adaptada es mejor que el reposo en cama. El objetivo es mantener la actividad dentro del límite del dolor y evitar los movimientos que lo agravan.
La fisioterapia aporta ejercicios de estabilización lumbar, técnicas neurodinámicas para movilizar el nervio ciático y educación en higiene postural. El tratamiento analgésico (antiinflamatorios, relajantes musculares según el caso) busca aliviar el dolor lo suficiente para que el paciente pueda participar activamente en la rehabilitación.
El 80-90% de las hernias discales lumbares mejoran en 6-12 semanas con este enfoque. La mayoría de las hernias extruidas, incluso las grandes, se reabsorben parcialmente con el tiempo.
El movimiento es medicamento
Caminar suavemente, nadar o hacer bicicleta estática es compatible con una hernia discal y ayuda a la recuperación. Adapta la intensidad al nivel de dolor, pero no te quedes inmóvil.
Infiltraciones epidurales y bloqueos radiculares
Cuando el dolor es muy intenso o no responde al tratamiento oral, las infiltraciones epidurales (inyección de corticoide en el espacio epidural) pueden reducir rápidamente la inflamación radicular y aliviar la ciática.
Los bloqueos radiculares selectivos, guiados por ecografía o fluoroscopia, depositan el medicamento muy cerca de la raíz afectada. Son especialmente útiles cuando se necesita un alivio rápido para iniciar o retomar la fisioterapia.
Estas técnicas no curan la hernia, pero pueden romper el ciclo de dolor inflamatorio y facilitar la recuperación funcional. Su efecto es temporal, pero en muchos casos suficiente para superar la fase aguda.
Cuándo se opera una hernia discal lumbar
La cirugía se reserva para situaciones específicas: déficit motor progresivo (debilidad muscular que avanza), dolor refractario a tratamiento conservador correcto durante 6-12 semanas, o síndrome de cauda equina (ver señales de alarma).
La técnica habitual es la microdiscectomía: extracción del fragmento discal herniado a través de una incisión pequeña, con o sin magnificación microscópica. Los resultados son buenos en pacientes bien seleccionados, con una tasa alta de mejoría del dolor radicular.
La cirugía resuelve el dolor de la pierna mejor que el de la espalda. Si el componente predominante es la lumbalgia inespecífica, la indicación quirúrgica es más discutida.
Señales de alarma urgentes
La mayoría de las hernias discales permiten tiempo para el tratamiento conservador. Hay, sin embargo, una situación de urgencia neurológica que requiere atención inmediata.
Señales de alarma: acude a urgencias
Ve a urgencias sin esperar si presentas:
- Anestesia o entumecimiento en la zona genital, perianal o interior de los muslos (anestesia en silla de montar).
- Pérdida de control de la vejiga o el intestino (incontinencia o retención urinaria).
- Debilidad grave y de inicio brusco en ambas piernas.
- Estos síntomas pueden indicar un síndrome de cauda equina, que es una urgencia quirúrgica.
Autoría
Dr. Ricardo Valdés Arribas
Unidad del Dolor · Anestesiología
Nº col. 38520
Codirector médico y responsable de la Unidad del Dolor. Experiencia en dolor crónico y técnicas intervencionistas.
Referencias científicas
- [1]Weinstein JN, Tosteson TD, Lurie JD, et al. Surgical vs nonoperative treatment for lumbar disk herniation: the Spine Patient Outcomes Research Trial (SPORT): a randomized trial. JAMA, 2006. DOI: 10.1001/jama.296.20.2441
- [2]Jacobs WCH, van Tulder M, Arts M, et al. Surgery versus conservative management of sciatica due to a lumbar herniated disc: a systematic review. European Spine Journal, 2011. DOI: 10.1007/s00586-010-1603-7
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Muchas hernias, especialmente las extruidas, se reabsorben parcialmente con el tiempo (en semanas o meses). El cuerpo reconoce el material discal extruido como extraño y lo elimina de forma gradual. Sin embargo, la protrusión del disco como estructura no desaparece, aunque los síntomas sí pueden resolverse.
Sí. El ejercicio moderado (caminar, nadar, bicicleta estática) es beneficioso. Los ejercicios de estabilización lumbar son especialmente recomendables. Lo que conviene evitar en la fase aguda son los movimientos de flexión brusca cargando peso y los impactos intensos.
No. Si los síntomas son compatibles con una hernia y hay mejoría progresiva con el tratamiento conservador, no es imprescindible. Se solicita cuando se contempla la cirugía, cuando hay déficit neurológico o cuando los síntomas no evolucionan bien en varias semanas.
La mayoría de las personas con síntomas agudos mejoran significativamente en 4-8 semanas, y el 80-90% se recuperan en 6-12 semanas. En algunos casos el proceso se prolonga 3-6 meses, especialmente si hay retraso en iniciar el tratamiento adecuado.
Son procedimientos seguros cuando se realizan por profesionales experimentados con la técnica correcta. Los riesgos son bajos: dolor transitorio en el punto de inyección, cefalea postpunción (rara) o reacción vasovagal. En manos expertas, los beneficios suelen superar con claridad los riesgos.
Técnicamente, en la protrusión el núcleo discal abomba pero el anillo fibroso permanece íntegro. En la hernia propiamente dicha (extrusión), el material nuclear ha atravesado el anillo. Coloquialmente se usan como sinónimos, pero la extrusión suele producir síntomas más intensos y tiene mayor capacidad de reabsorción espontánea.
En la mayoría de casos, sí. Los trabajos sedentarios son compatibles con períodos de descanso y cambios posturales. Los trabajos con cargas o posturas forzadas pueden requerir una baja temporal o adaptación del puesto. El objetivo es mantenerse activo y no caer en el reposo prolongado.
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